Twin Peaks

Me pasa algo con Twin Peaks… esto de ser el menor de 3 hermanos, con bastante diferencia de edad, y de haber sido pequeño al momento de la emisión de la serie (7 u 8 años) con hermanos adolescentes que nunca me dejaron ver más de un segundo de esta, me creó una fascinación sin sentido aparente.

 A pesar de no haberla visto antes (hasta hace un tiempo) siempre me sentí cautivado por la atmósfera. Seguidor del cine de Lynch, e intentando entender la imaginación y motivación del excéntrico cineasta a la hora de narrar, no con mucho éxito en algunas ocasiones, me planteé el desafío de verla.

La historia de la hermosa niña perfecta que-todos-desean (en todo sentido) me resulta una excelente forma de que el consumidor promedio digiera el denso plato que se viene… que historia más espectacular; y a pesar de la que deja mucho a la imaginación, es esto mismo lo que más me fascina, el poder atar cabos respecto de Bob y los demás.

 No pienso spoilear la historia, ni arruinar la experiencia de otros al verla contando detalles y demás; solo pienso y pienso en Twin Peaks y el morbo que causa… no puedo definirlo de otra forma.

La música es perfecta: tranquila, desafiante, al acecho… acompañando sigilosa el paisaje verdoso, tenue, macabro… lleno de secretos y que nada es lo que parece, y donde siempre hay que estar abierto a las posibilidades por inverosímiles que estas parezcan. Donde todo se encuentra al borde de la locura, siendo más cuerdo que nunca.

 Sé que resulta ser la opinión más subjetiva del mundo, pero no importa. Es mi opinión al fin y al cabo acerca de un placer culpable, digerido a razón de 40 minutos de vorágine a la vez.

Y escribo esto, viendo precisamente Twin Peaks, pero la precuela: Fire Walk With Me.

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